La pasión verdadera del Inter Miami CF: El choque generacional entre la vieja escuela y la nueva afición

Por: Andy Valiente                                                                                                                                                                             Cortesía: Inter Miami CF

 

Lo que está bien y lo que está mal en la forma de ver fútbol depende de cada generación, pero quienes venimos de la vieja escuela coincidimos en algo esencial: un partido se vive completo, desde el pitazo inicial hasta el final. Los 90 minutos, más el agregado, forman una experiencia que no se corta, que se siente, se analiza y se respira. Sin embargo, en mis visitas al estadio del Inter Miami noté una transformación cultural que me llamó profundamente la atención.

Por un lado, muchos aficionados se pierden los primeros minutos del encuentro. Cuando empieza el partido, todavía están en los pasillos buscando comida, bebida o simplemente paseando. Para quienes crecimos llegando temprano para ver el calentamiento y conectarnos con la atmósfera del estadio, esa desconexión inicial sorprende. Es como si el inicio del juego ya no fuera un momento sagrado.

Por otro lado, cada vez es más frecuente ver cómo una parte del público se retira antes del final, especialmente si el Inter Miami va perdiendo. Esa falta de aguante, de compromiso hasta el último segundo, choca con la idea tradicional de “se banca hasta el final”, pase lo que pase. Hoy parece que la fidelidad depende del marcador o de la comodidad del espectador.

Pero dentro de esta nueva manera de consumir fútbol también existe un contraste admirable: la hinchada Vice City 1896, la Legión y las dos barras más fieles del club. Ellos no llegan tarde, no se van temprano y no negocian su presencia. Cantan, alientan y sostienen al equipo incluso en las malas. Son el corazón del estadio y el recordatorio de que el fútbol es sentimiento antes que entretenimiento.

La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a aficionados o simples consumidores? El fútbol, para muchos de nosotros, es un ritual que se juega, se sufre y se celebra hasta el último instante. Y si querés entender de verdad cómo se vive este deporte en Miami, mirá a esas hinchadas que jamás abandonan. Ellas mantienen vivo el espíritu futbolero y demuestran que la pasión auténtica no se negocia.

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