Entre títulos y deudas: el legado incompleto de Mascherano en Miami

Por: Jaime Bernal

El 1° de enero de 2025 marcó un punto de inflexión en la historia de Inter Miami. Se cerraba la etapa de Gerardo ‘Tata’ Martino y comenzaba la era de Javier Mascherano, un técnico debutante a nivel de clubes que llegaba con más interrogantes que certezas. Hoy, tras su inesperada salida, el balance invita a un análisis más sereno: el experimento, en líneas generales, funcionó.

Mi calificación es clara: 7.5 sobre 10.

Mascherano asumió con una presión distinta a la de sus predecesores. No solo por el contexto Messi o el peso mediático del club, sino por un dato ineludible: el presupuesto. Inter Miami no estaba diseñado para competir, sino para ganar. Y en ese sentido, el argentino cumplió parcialmente con la expectativa.

Ganó dos títulos —Conferencia Este y MLS Cup 2025, el más importante en la historia del club— y dejó una huella estadística difícil de ignorar. En 67 partidos, firmó 38 victorias, igualando el récord histórico del equipo, y construyó un conjunto ofensivamente demoledor: 101 goles en una temporada, récord de la liga. También compitió con personalidad a nivel internacional, destacando una histórica actuación en el Mundial de Clubes, donde superó la fase de grupos contra todo pronóstico.

Pero el fútbol, especialmente en un proyecto como el de Inter Miami, no se mide solo en títulos acumulados, sino en objetivos estratégicos. Y ahí aparece la gran deuda de Mascherano: la Concacaf Champions Cup.

El torneo continental era el siguiente paso lógico en la evolución del club y fue señalado como prioridad para 2026 por Jorge Mas, dueño del equipo. Sin embargo, las Garzas se quedaron cortos en su objetivos: semifinales en 2025 y una inesperada eliminación temprana en 2026 ante Nashville que terminó pesando más de lo que indican los números. En un equipo diseñado para dominar la región, ese vacío termina condicionando la evaluación final.

En lo futbolístico, Mascherano mostró virtudes y limitaciones propias de un entrenador en formación. Su equipo fue, por momentos, arrollador, pero también vulnerable. Capaz de golear, pero también de conceder demasiado en defensa. Aun así, corrigió sobre la marcha, potenció figuras y sostuvo un modelo competitivo en torno a Lionel Messi. No es menor para alguien en su primera experiencia en la élite.

Hay un punto adicional que suma en su balance: su relación con la prensa fue excelente. Siempre accesible, respetuoso y claro, entendió el rol del periodista en un entorno que suele ser hermético.

Por eso, su salida deja un sabor extraño. Más allá de los “motivos personales”, el momento y la forma resultan inesperados. El equipo no estaba en crisis y la sensación es la de un ciclo que se cerró fuera de la cancha.

Mascherano deja a Inter Miami duplicando su palmarés, consolidando una identidad competitiva y confirmando que en el futuro tiene proyección como técnico de alto nivel. Pero también deja claro que, en este tipo de proyectos, no basta con ganar: hay que ganar lo que verdaderamente importa.

Su paso fue breve, intenso y, sobre todo, inconcluso.

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