Inter Miami con aroma de café

Por: Camilo Plazas                                                                                                                                                                            Cortesía: Inter Miami CF

 

Florida alberga una de las comunidades colombianas más fuertes de Estados Unidos. Más de 350 000 colombianos viven en el estado, según cifras oficiales, y esa presencia se siente cada vez que juega la selección en Miami. El estadio se vuelve un mar de amarillo, azul y rojo. El amistoso ante Nueva Zelanda reunió a unos 20 000 hinchas, y en la final de la Copa América alrededor de 35 000 colombianos tiñeron el Hard Rock Stadium con su bandera. Esa pasión no es casualidad: es una base sólida, constante y emocional que Inter Miami tiene al alcance de la mano.

 

Tener jugadores colombianos en la plantilla no sería solo una decisión deportiva; sería un movimiento estratégico para conectar con una afición que consume, apoya y se identifica. Colombia es uno de los mercados que más compra camisetas y artículos deportivos, y en Florida esa energía se convierte en ventas, patrocinios y una relación profunda con el club. Además, el talento está ahí: James Rodríguez —sin equipo tras su salida de León—, Juan Fernando Quintero —con futuro abierto pese a su vínculo con River—, Andrés Felipe Roa —hoy agente libre— y varios más podrían aportar calidad, experiencia y una visibilidad internacional inmediata al proyecto de Mascherano.

 

La MLS conoce bien el impacto de los futbolistas colombianos. Desde Carlos Valderrama hasta Jhon Jáder Durán, pasando por Diego Chará, Freddy Montero, Dayron Asprilla, Juan Pablo Ángel o Jesús Ferreira, la liga ha visto cómo los jugadores colombianos se adaptan rápido, rinden alto y generan una conexión emocional única con los aficionados.

 

Inter Miami también ha tenido colombianos en su historia: Andrés Reyes, Juan Sebastián Agudelo y Emerson Rodríguez. Aunque no se consolidaron como titulares, siempre recibieron un apoyo incondicional de su comunidad, que los siguió sin importar el rol que ocupaban en la plantilla.

 

Y ahí está la clave. Es momento de que Inter Miami abrace ese sabor a café colombiano. No solo para sumar talento, sino para encender el estadio con la fuerza de una diáspora que se siente parte del equipo. Un par de colombianos en la nómina no solo elevarían el nivel futbolístico, sino que traerían un caudal de pasión, identidad y pertenencia que cualquier club envidiaría. Como dijo David Beckham hace unos años: “El equipo floridiano es de todos los latinos”. Quizá ya sea hora de que eso también se refleje en la cancha.

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